CULTURA             
DEL FUERTE A LA CIUDAD




La conquista y colonización del territorio del Río de la Plata trajeron aparejadas una alteración de la economía primitiva de los aborígenes nómadas y del paisaje autóctono por la introducción del caballo, realizada por los españoles, aproximadamente en 1535 con la expedición de Pedro de Mendoza. Cuando se despobló Buenos Aires, quedaron algunos ejemplares abandonados, que se reprodujeron dando origen a grandes tropillas que cubrieron toda la Provincia de Buenos Aires.
La ganadería vacuna entró aproximadamente en 1555 desde el Paraguay. Los vacunos se extendieron hacia las actuales Provincias de Santa Fe, Corrientes y Buenos Aires.
La gran abundancia de ganadería vacuna y caballar tuvo como consecuencia que los descendientes de españoles sacrificaran gran cantidad de vacunos para aprovechar sólo el cuero, porque para su carne no había suficientes consumidores. Este sistema de matanza de vacunos se denominó "vaquería".
Por su parte, el aborigen bien pronto aprendió el uso del caballo para su movilidad y sustento. Con respecto al vacuno, además de su consumo, realizaba arreos para la venta a comerciantes del sur de Chile.



Esta explotación desmedida, las entradas que realizaban desde otras Provincias y los arreos efectuados por los indios provocaron que, a comienzos del siglo XVIII, el ganado cimarrón fuera escaso, lo que obligó al criollo a concentrarlo en zonas donde era mas o menos factible su cuidado, dando origen y desarrollo a la estancia colonial, que hasta entonces no había tenido demasiada importancia.
La situación de escasez de los rebaños salvajes provocó un directo perjuicio a los aborígenes que comenzaron a atacar estancias, poblaciones y pueblos para el robo y arreo de ganado y otros bienes, ante las pocas posibilidades que el blanco le había dejado para subsistir. Cabe aclarar que en ningún momento intentaron ocupar las tierras que incursionaban, ya sea porque sus asentamientos estaban alejados o porque hacerlo significaba mantener un estado de guerra continuo con el blanco.
A partir de 1730 el peligro de estas invasiones fue en aumento. Por ello, los cabildantes porteños estudiaron la posibilidad de organizar un sistema de defensa. La zona donde luego fue fundado el Fuerte Federación fue estudiada con el propósito de establecer un Fuerte para avanzar la línea de frontera interior. En consecuencia, el virrey Vértiz designó al piloto Pedro Pablo Pavón para tal efecto, quien fuera acompañado por los pilotos Ramón Eguía y Pablo Ruiz.
El reconocimiento fue muy amplio, hasta la laguna del Carpincho y entre otras recomendaciones, Pavón sugirió ubicar allí una población. De la descripción efectuada surgió que este lugar tenía aguas permanentes, manantiales de agua dulce y crecía la "verdolaga, la lengua de vaca y la visnaga", lo que indicaba la bondad de las tierras, además de otras ventajas para la siembra, la cría de ganado y por ende, para la instalación de futuros habitantes.
En el siglo XVIII comenzó la permanente declinación del sistema defensivo y se sucedieron incursiones indígenas al Norte del Río Salado.
Producida la Revolución de Mayo en 1810, una de las preocupaciones de los primeros gobiernos patrios fue la línea de frontera interior, antes mencionada., aunque no pudo avanzarse en esta materia en virtud de las necesidades de llevar adelante las luchas por la independencia.
A partir de 1820, la Provincia de Buenos Aires, a través del gobernador Martín Rodríguez, intentó asegurar la estabilidad de dicha frontera, al norte y al sur del Salado, e inició un conflicto con los indígenas que no se va a detener hasta 1833.
No obstante, el general Las Heras, gobernador de la Provincia de Buenos Aires a partir de abril de 1824, encargó al entonces general de campaña Juan Manuel de Rosas, la formación de una comisión para fijar definitivamente la nueva línea de frontera, la que trazó partiendo del Cabo Corrientes hasta Tandil, desde este punto hasta Tapalqué, y desde allí a la Laguna del Potroso, en las inmediaciones de la actual ciudad de Junín.
Este importante propósito no logró materializarse, y en 1826, por decreto de Rivadavia, a la sazón presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, se dispuso la prolongación de toda la línea de frontera mas allá del Salado, con lo cual se acompañó el avance ganadero fuera de la frontera, apuntalada por los puestos militares existentes desde el siglo anterior.
Esta nueva línea se apoyó en la creación de tres Fuertes principales, en las lagunas de Blanca Grande (Partido de Olavarría), Cruz de Guerra (actual 25 de Mayo) y del Potroso (actual ciudad de Junín). DECRETO DE RIVADAVIA. 1826.
Con posterioridad, en 1827, durante la gobernación del coronel Dorrego, se proyectó que la línea de frontera se extendiera hasta Bahía Blanca.
El gobernador Dorrego designó a Juan Manuel de Rosas como comandante general de milicias de la Provincia de Buenos Aires, quien debía efectuar el reconocimiento del trazado de la nueva línea de frontera y llevar a cabo la concreción de los nuevos Fuertes, comenzando con el de la laguna del Potroso.





El 29 de noviembre de 1827, Rosas comunicó al Ministro de guerra que las carretas estaban a punto de partir desde Salto. Una circunstancia fortuita hizo que el teniente coronel Bernardino Escribano fuera el fundador de Junín, ya que quien había sido encargado de establecer el Fuerte Federación, el coronel Rauch, aquejado por una enfermedad de cuidado, se vio obligado a abandonar los trabajos emprendidos. Por esta razón, Rosas propuso el nombramiento del teniente coronel B. Escribano.
El 2 de diciembre partieron para el Potroso las carretas cargadas con los elementos necesarios para establecer la nueva guardia, pero según el criterio de los comandantes Mariano Acha, Francisco Acevedo y Juan Ullúa, encargados de estudiar el terreno, se buscó otro punto, por lo que fijaron el mojón en el Cerrito Colorado. Dejaron demarcado el nuevo Fuerte como a dos kilómetros de ese lugar, en un paraje alto, propicio para población, en la margen izquierda del Río Salado, en un rincón de la Laguna del Carpincho.
Resuelto el lugar de emplazamiento del nuevo Fuerte, que se llamó Federación, los trabajos de su trazado estuvieron a cargo del ingeniero Teodoro Schuster.
Existieron discusiones con respecto a la fecha de fundación del Fuerte Federación, debido a la falta de un documento expreso de dicho acto.
De los antecedentes históricos existentes se desprende que la obra comenzó el 27 de diciembre de 1827. Esta fecha fue declarada como fundación de la ciudad de Junín por la ordenanza Nº888 del 2 de septiembre de 1961 y por el decreto de la Provincia de Buenos Aires Nº 12.841 del 4 de diciembre de 1961.
Según los antecedentes cartográficos, las dimensiones y distribución del Fuerte eran las siguientes: desde la Puerta de la Guardia hasta el puente levadizo que comunicaba al gran potrero medía 410 metros y un frente de 260 metros, el gran potrero tenía 610 metros de largo y un ancho en la parte máxima de 340 metros. En el interior del Fuerte se alojaba el personal militar, los civiles, familias, el ganado caballar del regimiento y algunos vacunos para la alimentación. Existió una calle principal que lo recorría desde la puerta principal de la guardia (inmediaciones de la actual plaza 9 de Julio), hasta la plaza de Armas (actual plaza 25 de Mayo). Esta calle es la actual XX de septiembre, uno de los vestigios que ha quedado como mudo testigo del Fuerte Federación.








Transcurrida la primera década de vida del Fuerte, y hacia 1837, la población se componía de 302 militares, entre oficiales y soldados, y 508 civiles, entre los que encontramos a las familias de los oficiales y de la tropa y otros pobladores. Esto nos da la idea de que la vida cotidiana se desarrollaba muy relacionada con la actividad militar.
La vida en la frontera tuvo rasgos de extrema miseria, intensa precariedad y una existencia caracterizada por la dureza. Prueba de ello son algunos pasajes extractados de documentación de la época que muestran castigos a reos, que van desde azotes hasta ejecuciones. La vivienda común era el rancho en el que el hacinamiento y la falta de intimidad surgían como consecuencia de la propia estructura, generalmente con dos dependencias: una cocina y un dormitorio.
La población vivía mal abastecida de armas y de alimentos, con pagas demoradas, que cuando llegaban provocaban el desorden propio entre quienes de pronto se encontraban con la posibilidad de adquirir bienes largamente postergados.
El Fuerte vivió hasta 1852 un proceso de estancamiento.
A partir del año 1853, se separaron la autoridad militar de la civil, las funciones militares quedaron a cargo del comandante, y las civiles desempeñadas por un Juez de Paz, que también ejercía las funciones de comisario.
Durante los años posteriores a la batalla de Caseros, la situación fue deplorable. No hubo mayores progresos, y junto con la defensa de la frontera en condiciones precarias, la ganadería era la única actividad económica importante.
Los graves problemas del orden nacional fueron la razón del estancamiento y el retroceso del momento.
El Fuerte Federación se encontraba sin médico, sin escuela, sin sacerdote, sin soldados ni armamneto suficientes y sin alimentos adecuados, subsistía en muchos aspectos, gracias a la colaboración del vecindario. Así lo expresó el comandante José E. Ruiz en una comunicación dirigida al ministro de guerra: "(..) Ahora sólo me resta suplicar a V. S. se digne recomendar a la consideración del Exmo. Gobierno la buena voluntad y el patriotismo de este vecindario, pues en mis dos últimas salidas las he hecho en caballos de los vecinos, los que se presentan siempre con el mejor entusiasmo a recibir las órdenes con una comportación digna de todo elogio (...)”



En 1829 se produjo un levantamiento en el Fuerte liderado por el caudillo Molina que fue sofocado en la batalla Las Palmitas por el coronel Isidoro Suárez, quien también tuvo destacada actuación en la batalla de Junín que preparó la entera libertad de Perú. El gobierno de la provincia deseoso de perpetuar la memoria de ambos acontecimientos bajo tan digno jefe, denominó al Fuerte Federación como Fuerte Junín.



En ese estado de cosas, y generalizando, Argentina era un enorme "desierto" por la falta de habitantes, que la condenaba al atraso, la pobreza y la indefensión frente a potencias extranjeras que quisieran conquistarla.
Hacia 1880, la Argentina se insertó en la economía internacional como país proveedor de materias primas y alimentos (cereales, carnes congeladas y luego enfriadas), receptor de capitales e inmigración.
Para poner en práctica las transformaciones que dieron origen y sustento al modelo agroexportador fueron necesarias obras de infraestructura, mano de obra y ciertos insumos industriales.
Las obras de infraestructura (puertos, vías férreas, edificios públicos y privados, etc.), se realizaron con préstamos e inversiones extranjeras -especialmente británicas- ya que nuestro país no disponía de capitales. La escasez de mano de obra se resolvió a través de la llegada masiva de inmigrantes, mientras que los insumos industriales tuvieron que importarse, como también diversos rubros de consumo popular que no se producían en el país.
Con respecto a la inmigración, Argentina recibió cerca del 10% del total de las personas que abandonaron Europa. Casi cuatro millones adoptaron a nuestro país como propio y se establecieron en él definitivamente.
Argentina ofreció, hacia principios del siglo XX, la promesa de abundantes fuentes de trabajo, salarios más elevados y la seductora imagen de una sociedad dinámica donde el ascenso social era posible.



Dentro del contexto nacional de 1880, descripto anteriormente, en Junín se instala el Ferrocarril Central Argentino, un ramal que venía desde Pergamino habilitado al servicio el 3 de febrero de 1885 y que ingresaba a nuestra ciudad por lo que hoy es la Av. San Martín. La estación se hallaba ubicada en lo que actualmente es la Estación de ómnibus y las vías se prolongaban aproximadamente hasta donde hoy se encuentran los edificio de los ex colegios Normal y Nacional. Un paredón se levantaba en las actuales calles 25 de Mayo y Winter, desde Cabrera hasta Alberdi.
El 13 de mayo de 1884, se terminó la enrieladura desde Mercedes (Provincia de Buenos Aires) hasta nuestra ciudad, y en la tarde de ese mismo día, llegó la primera locomotora perteneciente al Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (FCBAP), de capital británico, que unió Buenos Aires con Mendoza y Chile. El 1 de enero de 1885 se inauguró la sección Chacabuco-Junín, y el 6 de mayo de ese mismo año, se prolongó hasta Mendoza y San Juan.
De esta manera, nuestra ciudad quedó comunicada con los puertos de embarque y esto permitió una salida fácil de su producción agrícola ganadera.
Pero el hecho mas significativo se registró con la instalación de los talleres ferroviarios del FCBAP en 1886, que originaron una fuerte demanda de mano de obra, cubierta principalmente con los inmigrantes italianos y españoles. Este aumento vertiginoso de la población dio origen al nacimiento de dos nuevos barrios: Pueblo Nuevo y Tierra del Fuego o Villa Belgrano.
La presencia de los dos ferrocarriles y el nacimiento de los asentamientos poblacionales mencionados, dividió a la ciudad en tres partes poco comunicadas, el Pueblo viejo o área fundacional, al norte del paredón y hasta las vías del FCBAP, el Pueblo Nuevo, y desde allí Villa Belgrano.
El levantamiento de las vías del Ferrocarril Central Argentino y con ello de la estación y el paredón, permitió una comunicación mas fluida entre el Pueblo Viejo y el Pueblo Nuevo, pero Villa Belgrano permanece aún separada por las vías del ex ferrocarril BAP.
Por la importancia que adquirió Junín debido a su expansión urbana, demográfica y económica, fue declarada ciudad en 1906.

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